martes, 7 de mayo de 2013

EL AUTÉNTICO ATLETA; LECCIÓN DE HUMILDAD


EL AUTENTICO ATLETA, el atleta que se prepara en todo lo que hace para superar sus marcas,  superarse a sí mismo; el atleta legal,  que rechaza atajos ilícitos; los  atletas que respetan a sus rivales haciendo de la competición una oportunidad de mostrar la nobleza y la capacidad del espíritu humano para superar  barreas  infranqueables; los atletas que conspiran para demostrar que nuestro mundo puede ser mejor sumando esfuerzos y que no hay límites imposibles para los hombres que luchan noblemente por ser cada día un poco mejor. El atleta verdadero sabe que solamente sumando pequeños esfuerzos cada día, se avanza hacia las metas que parecían imposibles ayer,  hoy ya se ven probables, mañana estarán superas y sustituidas por otras más ambiciosas, mientras avanza cargado de la ilusión que genera la nobleza de esfuerzo. El atleta que homenajea cada día al resto de los hombres demostrando nuestra enorme capacidad de trabajo,  que apenas usamos un pequeña parte para afrontar las tareas  cotidianas y cuánto más podríamos conseguir si de verdad lo intentásemos…El atleta que demuestra con su esfuerzo diario  que este mundo puede ser mejor, que la humanidad puede superar muchas marcas y muchos prejuicios si realmente nos lo proponemos.

LECCIÓN DE HUMILDAD
Ningún atleta alcanzaría el éxito si no comprendiese que sus facultades son semejantes a las de cualquier otro hombre y que no dispone de capacidades extraordinarias que puedan darle ventajas físicas sobre los demás para afrontar las dificultades propias que se encontrara cada día en el camino que se ha propuesto recorrer. Muy al contrario aquellos que llegan más lejos son los que más se esfuerzan, los que se acuestan más cansados por entrenarse hasta los límites de sus posibilidades y se levantan más ilusionados dispuestos a empezar cuanto antes el siguiente entrenamiento. 
Ningún atleta de éxito piensa que necesita trabajar menos que otros porque la naturaleza le dotase de condiciones especiales. El discurso genetista solamente lo utilizan los demás: Algunos técnicos para elaborar teorías más o menos interesantes y los que fracasan para justificar su pereza.  Pero los que de verdad se esfuerzan siempre alcanzan un  equilibrio de felicidad razonable que acompaña al  trabajo cotidiano.
La Humildad se alía con la voluntad y la ilusión desde que empieza cada día para ponerse las zapatillas mientras imaginamos el trabajo que nos espera y un único pensamiento ocupa la mente del atleta: “Voy a entrenar lo mejor que pueda”. Tal vez esté lloviendo cuando inicia su carrera, pero eso no importa, la lluvia o el sol sólo son compañeros del entrenamiento que nos visitan con frecuencia pero que no van alterar nuestro programa, a lo sumo nos mojaremos un  poco, o pasaremos mayor sofoco, pero todo es muy poco frente a nuestra enorme voluntad.
Todos los atletas, con independencia del nivel alcanzado, reconocen que es incompatible el éxito y la soberbia, y que en el ranking de los primeros siempre son los más humildes, porque estos son sin duda los más constantes y los que acaban esforzándose más a lo largo de los años que, inexcusablemente, van a necesitar para desarrollar un alto grado de maestría atlética;  Y si el atleta no empieza vistiéndose con ese  traje de humildad para reconocer que  sin esforzarse específicamente  nunca superaría determinados objetivos ni se  dejaría  aconsejar por técnicos capacitados que pueden ayudarle en su es
fuerzo. La humildad es indispensable para reconocer las limitaciones propias y partir de ellas para irlas superando con el esfuerzo. Pero el orden siempre es: Primero humildad y después trabajar con mucha ilusión sin dejar de soñar que conseguiremos esas metas RAZONABLEMENTE elegidas.